Película de la semana ‘Barton Fink’



Elogio de la creación

Los hermanos Coen han basado su cine en ese extraño tránsito entre la potencia visual simbólica y los residuos del thriller posmoderno y violento. Su mirada es escéptica y cínica, por eso los protagonistas de sus películas son antihéroes, seres humanos despreciables, perdidos en una sociedad que les ataca y no les comprende. Son una proyección de ellos mismos, un reflejo puro de su alma creativa, única e intransferible.

La escritura del guión de esta película aconteció en un breve impasse de tiempo, aquel que tiene lugar en el pequeño descanso que se dan ambos hermanos durante la creación de otra de sus grandes películas, “Muerte entre las flores”. Este intento de distanciamiento, da a luz precisamente a una de las más grandes alegorías sobre el oficio de escritor. Duro, frustrante y sacrificado donde los haya.

Como los directores de la cinta, el protagonista, un laureado escritor de obras teatrales en el luminoso Nueva York libertario de finales de los 30′s/principios de los 40′s, acepta un encargo de una gran productora de cine para la escritura de una película con tintes social-revolucionarios (muy en boga para la época). Para ello debe de trasladarse a Hollywood, alojándose en un cochambroso hotel de la ciudad de Los Ángeles. Una suerte de Motel Tropicana, un agujero sin fondo, una dilatada visita a las fauces del infierno.

No es por tanto una recreación bucólica de las refulgentes colinas del Hollywood clásico, sino más bien el falso fondo de un sumidero maloliente de una estación de servicio, donde se concentran todos los orines y secreciones de la clientela. Lo curioso del asunto es que de ese montón de mierda surja toda la maquinaria creativa de la gran industria americana. Barton Fink es un cuento de terror con leves destellos historiográficos, sobre la inspiración enfrentada a los calendarios del poder  económico, que posibilita esa manifestación creativa pero también la cercena y amputa. Esta perversa dicotomía conecta con un sinfín de reminiscencias fílmicas (“Cautivos del mal”, “El crepúsculo de los dioses”, “Los viajes de Sullivan”, “El juego de Hollywood” ), que aparecen personificadas en un desgarrador y hermoso homenaje en la historia: el personaje de W.P. Mayhew, un trasunto de William Faulkner, consumido por el alcohol y la picadora de carne de los Grandes Estudios.

Por eso el planteamiento visual (los travellings concatenados, los juegos focales que estrechan y alargan las paredes, esa luz tenebrista y pegajosa que predomina en los pasillos del hotel) esta encaminado a retratar esas yemas inmoviles durante horas sobre el teclado del la maquina de escribir, esa opresión y ahogo que uno siente al no poder verbalizar o representar de un modo escrito una idea o reflexión. Todos estos recursos formales, plasticos, atmosféricos, son los que sustentan una historia construida entorno a indicios simbólicos, escenas y sucesos aparentemente inacabados, quizá el único modo de explicar esa barrera para el intelecto que es el miedo a la página en blanco. Por eso Barton Fink no es, en principio, una película de consumo masivo y accesible, porque:

1. Habla de un oficio tan poco convencional como el de guionista: a medio camino entre el teatro y la narrativa, y generalmente un trabajo más denostado que los dos anteriores.

2. Es una obra de ida y vuelta, exige al espectador que desande el camino del primer visionado, reconstruyendo esas ramificaciones intrigantes e inconexas, ese énfasis que propone la cámara sobre determinados elementos de la habitación donde reside el guionista (El cuadro, la cama, el desagüe del lavabo) y que en ningún caso es gratuito.


Escrito por , 28 abril 2011, 22:42

2 Comentarios

  1. papafrita y huevo frito dice:

    una película que sin duda deja marca. Los pasillos de hotel ya no serán vistos como antes, ahora solo los podremos imaginar como si surgieran del mismísimo infierno.

  2. Jorge Juárez dice:

    Que pena no poderte contestar al comentario por miedo a soltar espoilers.

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